14. Conducir de forma segura
Curvas y derrapes
En una curva, la velocidad, el peso del vehículo o un giro muy cerrado generan una fuerza que puede sacarte de la trayectoria: por eso hay que reducir la velocidad antes de entrar, acercarte al borde derecho, girar el volante con suavidad dentro de la curva sin acelerar ni frenar bruscamente, y acelerar poco a poco al salir. El derrape se produce cuando los neumáticos pierden agarre, normalmente por exceso de velocidad, un giro brusco, un frenazo, neumáticos o amortiguadores en mal estado o carga mal repartida; para corregirlo hay que dejar de frenar o acelerar bruscamente y girar el volante en la dirección hacia la que se desplazan las ruedas.
Zonas de obras
Las obras en la carretera son un peligro añadido: hay que seguir siempre las indicaciones del personal y de las señales específicas de obra, que tienen fondo amarillo, tanto las verticales como las pintadas en el asfalto.
Conducir de noche
De noche se ve peor la carretera, las distancias y los vehículos, y otros conductores pueden deslumbrarte, así que hay que reducir la velocidad y prestar más atención al pasar de zonas iluminadas a otras que no lo están. Para no deslumbrar a los demás, mantén bien reguladas las luces, reparte bien la carga y cambia a luces de cruce en cuanto se acerque otro vehículo o vayas a adelantar; si te deslumbran a ti, reduce la velocidad o para guiándote por la línea del borde derecho, sin cambiar de carril, y nunca uses gafas de sol de noche. En una curva, quien circula por dentro debe llevar las luces de cruce; quien va por fuera puede mantener las de largo alcance mientras no deslumbre a nadie.
Lluvia y aquaplaning
Con lluvia se ve peor y los neumáticos agarran menos, por lo que hace falta más distancia de frenado: reduce la velocidad, aumenta la distancia de seguridad, frena con suavidad y revisa los frenos después de cruzar un charco. Ten especial cuidado cuando empiezan a caer las primeras gotas, porque se mezclan con la grasa y el polvo de la vía y forman una película resbaladiza. El aquaplaning ocurre cuando el neumático no puede evacuar el agua y el vehículo pierde el contacto con el asfalto; se previene circulando despacio por zonas encharcadas, y si ocurre no hay que frenar, solo levantar el pie del acelerador.
Nieve, hielo y niebla
Con nieve, arranca con las ruedas rectas, evita movimientos bruscos, reduce la velocidad poco a poco, aumenta la distancia de seguridad y usa marchas cortas en las bajadas; la señal R-412 obliga a llevar cadenas, que se colocan al menos en las ruedas motrices. El hielo exige las mismas precauciones, y aparece sobre todo de noche en zonas húmedas, sin sol, puentes, pasos elevados y badenes. Con niebla, enciende luces de cruce y antiniebla, reduce mucho la velocidad, aumenta la distancia de seguridad, evita adelantar si no es imprescindible y extrema la atención en los cruces; las mismas precauciones sirven para el polvo o el humo en la vía.
Viento y calor
El viento lateral es más peligroso al cruzarte con otro vehículo, al adelantar a uno grande o cerca de edificios y árboles, y afecta especialmente a motos y a vehículos con remolque: reduce la velocidad, sujeta el volante con firmeza en dirección contraria al viento y mantén las ventanillas cerradas. El calor favorece el sueño, la fatiga y la agresividad al volante, así que conviene mantener el aire acondicionado entre 20 y 23 grados, hacer más paradas, beber agua con frecuencia y llevar ropa clara y ligera.